Asi denominaba mi papá a mi mamá cuando ella le disparaba con sarcasmo y agudeza frases lapidarias para desnudarlo en sus errores y dejarlo mal parado.
Yo también ejerzo mis "dulces violencias" a diario y las disfruto internamente.
Me refiero a aquellas grandes verdades que uno quiere decir, y que por mi estilo diplomático no siempre me decido a afirmar.
Pero la "ironía inteligente", como le dice mi chico, es un arma peligrosa y latente en mi.
Son esos chistecitos, bromas, cargadas al otro, en los que uso el sentido del humor para destacar en una caricatura maliciosa las actitudes o comportamientos de cada uno.
Como soy consciente del impacto de la ironía, por eso me mido ante quienes usarla. Pero hay algunos en especial, con los que me ensaño y soy como francotiradora de ironías.
La ironía es mordaz porque paraliza al otro.
El "chistecito dedicado", deja al otro inerme, condenado a no ofenderse ni defenderse,
porque si lo hace,
uno tiene el rápido retruco "ehhhh, pero si es un chisteee, como te vas a embolar por eso, no tenes sentido del humooor".
Con mis salidas irónicas, disfruto de pelearme con vueltas y revueltas internas con aquellas personas con las que por el motivo que fuese, no-puedo-no-debo hacerlo directamente.
Por supuesto que no es casual, que yo odio absolutamente que sean irónicos, sarcasticos, "bromistas" conmigo.
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martes, 31 de agosto de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
De psicologos y padres
No entiendo porque será que a los psicologos les gusta guiar nuestras reflexiones a culpar de todo a nuestros padres. Tampoco me interesa estudiar ni entender sus lógicas. Prefiero confiar en que "algo saben", que tienen una explicación profunda y cientifica sobre nuestras conductas; para no creer -como en el fondo sospecho- que es la charla con una amiga más cara de la semana.
Si ya me tuve que enterar que los Reyes Magos no existen, por favor no me digan que los psicologos no saben.
Parecería que cuando nombro a mi madre o padre, mi psico disfruta y le brillan los ojos pensando que encontró "la direccion de la cura" (no se que es, pero escuche a un par hablar de eso y me gustó. No me avisaron que colectivo me lleva a esa dirección, pero al menos voy a usar ese el término).
Hoy le di con el gusto y hablé a destajo de mi madre y de sus "mandatos" (que tul, otra palabrita técnica al parecer)
Con mi mamá tuvimos las más duras contiendas durante toda mi adolescencia, me ubiqué en el mundo de la forma opuesta a la que ella hubiera imaginado, me dediqué a defender mi territorio a capa y espada, evitando siempre, portazos y gritos mediante, que me invadiera.
De más grande, cerca de mis 32 y sus 63, y con mucha sangre derramada mediante, más agua que corrió por el río; con varias derrotas encima, podemos decir que nos reconciliamos de verdad, aunque tal vez nunca nos habíamos peleado de verdad.
Y resulta que ahora, nos divertimos juntas, compartimos, charlamos como adultas, pensamos igual en casi todo, consideramos que en el mundo "todos son unos boludos", salvo ella, salvo yo, está claro.
Le agradecí mucho a la terapia de mi madre por sus avances: está más relajada, más piola, más madura.
Podríamos decir que cambió, y que eso hizo que nuestra vida sea hoy más sencilla.
Sin embargo, creo que si debo ser honesta con usted que me está leyendo hasta aqui...
...creo que fui yo la que cambie y soy la que me voy haciendo, en cada minuto, en cada día,
cada vez más parecida a ella.
Si ya me tuve que enterar que los Reyes Magos no existen, por favor no me digan que los psicologos no saben.
Parecería que cuando nombro a mi madre o padre, mi psico disfruta y le brillan los ojos pensando que encontró "la direccion de la cura" (no se que es, pero escuche a un par hablar de eso y me gustó. No me avisaron que colectivo me lleva a esa dirección, pero al menos voy a usar ese el término).
Hoy le di con el gusto y hablé a destajo de mi madre y de sus "mandatos" (que tul, otra palabrita técnica al parecer)
Con mi mamá tuvimos las más duras contiendas durante toda mi adolescencia, me ubiqué en el mundo de la forma opuesta a la que ella hubiera imaginado, me dediqué a defender mi territorio a capa y espada, evitando siempre, portazos y gritos mediante, que me invadiera.
De más grande, cerca de mis 32 y sus 63, y con mucha sangre derramada mediante, más agua que corrió por el río; con varias derrotas encima, podemos decir que nos reconciliamos de verdad, aunque tal vez nunca nos habíamos peleado de verdad.
Y resulta que ahora, nos divertimos juntas, compartimos, charlamos como adultas, pensamos igual en casi todo, consideramos que en el mundo "todos son unos boludos", salvo ella, salvo yo, está claro.
Le agradecí mucho a la terapia de mi madre por sus avances: está más relajada, más piola, más madura.
Podríamos decir que cambió, y que eso hizo que nuestra vida sea hoy más sencilla.
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